Un descubrimiento israelí podría ayudar a prevenir el daño progresivo tras una lesión medular

21/May/2026

Israel Económico

 

 

Minutos después de una lesión en la médula espinal —el tipo de daño que puede dejar a alguien en silla de ruedas de por vida—, el verdadero deterioro ya está en marcha: no lo causa solo el impacto inicial, sino una cascada química que destruye neuronas sanas durante horas y para la cual, hasta ahora, no existía ningún tratamiento aprobado.

 

Un nuevo estudio de la Universidad de Tel Aviv podría cambiar ese panorama.

 

Cada año, miles de personas sufren accidentes —caídas, choques, golpes deportivos— que dañan la columna vertebral y los dejan con parálisis parcial o total, muchas veces para toda la vida. Y es exactamente ese tipo de daño el que los investigadores israelíes vienen trabajando para enfrentar.

 

El problema central es una sustancia llamada glutamato, un neurotransmisor que el cerebro y la médula espinal usan normalmente para comunicarse, pero que tras un traumatismo se acumula en exceso y se vuelve tóxico.

 

Es como si una señal de alarma que debería durar segundos quedara encendida durante horas, dañando todo a su alrededor: neuronas, axones, sinapsis. El resultado es inflamación, cicatrización y una pérdida progresiva de funciones que se suma al daño original.

 

Interrumpiendo una cascada química

 

Lo que descubrieron los investigadores de la Universidad de Tel Aviv es una forma de interrumpir ese proceso desde afuera: en lugar de intervenir directamente en el sistema nervioso, el tratamiento extrae el exceso de glutamato a través del torrente sanguíneo, reduciendo su concentración antes de que complete su obra destructiva.

 

Y se administra de la manera más simple posible: una inyección intravenosa, del tipo que cualquier equipo de emergencias puede aplicar en el lugar del accidente.

 

«Nuestros principales hallazgos demuestran que es posible intervenir en el proceso dañino que ocurre inmediatamente después de la lesión, y no solo intentar lidiar con sus consecuencias después del hecho», señaló la doctora Angela Ruban, quien lideró el estudio.

 

En experimentos con modelos animales, el tratamiento redujo drásticamente los niveles de glutamato tras la lesión, limitando la inflamación y la muerte de neuronas, y preservando la estructura del tejido nervioso.

 

Los animales tratados en el laboratorio mostraron mejoras notables en su capacidad de movimiento ya a los dos días, y alcanzaron hasta el 80 por ciento de su función motora normal a los dos meses, comparado con apenas el 30 por ciento en el grupo que no recibió tratamiento.

 

Una inyección y la «ventana terapéutica»

 

Uno de los hallazgos más relevantes para la aplicación práctica del tratamiento es lo que los investigadores llaman «ventana terapéutica»: el tratamiento demostró ser efectivo hasta ocho horas después de producida la lesión, un margen que en el mundo de las emergencias neurológicas es considerado amplio y realista.

 

Eso significa que no depende de una intervención quirúrgica inmediata ni de un centro especializado: una inyección intravenosa aplicada por los primeros socorristas en el lugar del accidente podría ser suficiente para detener la cascada de daño antes de que se vuelva irreversible.

 

Los investigadores señalan que el mismo enfoque podría aplicarse a otros tipos de daño neurológico, como accidentes cerebrovasculares o traumatismos de cráneo, incluidas las lesiones por onda expansiva.

 

«Si podemos obtener resultados similares en humanos —afirmó Ruban—, este estudio puede potencialmente revolucionar el enfoque terapéutico para las lesiones medulares y otras condiciones neurológicas».

 

«Junto con otras tecnologías médicas y de rehabilitación avanzadas, nuestra innovación puede ayudar a crear un futuro en el que una lesión medular ya no condene a una persona a vivir en silla de ruedas», completó la investigadora.